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LAS ISLAS DEL LAGO TITICACA

 

TAQUILE:

Taquile, la isla más grande del lago Titicaca (localizada a 35 kilómetros al norte del Puno); conserva intactas las tradiciones, costumbres y leyes de la época incaica.

Al descubrir este pueblo de hombres y mujeres solidarios que lo comparten todo, el viajero tiene la sensación de haber dado un salto en el tiempo, para revivir un pedazo de la grandiosa historia de los hijos del Sol.

Sus miradas se encuentran e irradian fulgurantes chispitas de ternura. Ella sonríe con timidez, se repliega, esconde su rostro cetrino y con sus manos frías, crispadas, temblorosas, hace girar una especie de trompo de lana; él, se sacude la camisa, patea una piedrecita, suspira con nerviosismo. Vuelve a su tejido.

Ausencia de palabras. Él, dibuja símbolos mágicos en un chullo (gorro de lana); ella, hila con premura y destreza, pero el silencio incómodo, pesado, insoportable, rompe el encanto, quiebra el halo de ternura; entonces, se imponen los trazos cotidianos y los esbozos de la rutina en las isla de los arcos de piedra, en la tierra de los pequeños senderos, en la comunidad que se rige por las leyes de los Incas.

 

 

AMANTANI:

Cuenta la antigua leyenda Inca, que al principio de los tiempos, el Dios Wiracocha salió del lago Titicaca y creó al sol, a la tierra y al hombre.

Al este de la península Capachica y a unos 40 km de la ciudad de Puno, se eleva de las profundas aguas azules del Titicaca la Isla de Amantaní.

Desde  lejos  se  vislumbran  los  andénes antiguos, construidos en tiempos precolombinos. En la isla se pueden admirar sitios sagrados de las culturas preincaicas Pukara y Lupaka y de la cultura Inca.

Hasta mediados del siglo XX la isla fue tierra de haciendas. Al fin, después de varias sublevaciones, el pueblo amantaneño logró expulsar los  terratenientes y adquirir las  tierras.

Actualmente viven alrededor de 4000 personas en la isla. En su mayoría son campesinos, que hablan su lengua nativa quechua y castellano.

Al igual que sus antepasados viven en casas de adobe (la mayoría de ellas sin corriente eléctrica)  y  se dedican a la crianza de ovejas y a la agricultura. En  los innumerables andénes cultivan papa, oca, cebada y "el cereal de los Incas": la quinua. 

 

LOS UROS:

Es uno de los clásicos lugares que se pueden visitar en los alrededores de Puno. Contrario a lo que se piensa las Islas Flotantes de los Uros no lo son tal, pero hereda el nombre de una comunidad que ya no la habita. Los aymaras que hoy la pueblan construyen sus suelos y sus balsas con totora, se dedican a la pesca y particularmente a recibir a los turistas.

Mientras, Isla Taquile, paradójicamente está situada en zona aymara pero habitada por gente que habla el quechua, es una isla esencialmente comunal. Es bajo este patrón que aquí se gobierna, se teje y comercializan hermosas prendas y se conduce la actividad turística. En ese sentido resulta privilegiada para el turismo vivencial, ése que cultiva la relación entre el visitante y la población que lo hospeda. Los tejidos de Taquile asombran por su calidad y colorido.

Esta encantadora isla situada en el lago Titicaca  tiene más alternativas de turismo que la anterior. A ella se llega tras realizar una travesía de 24 kilómetros desde Puno. Sus habitantes van ataviados con los llamativos trajes tradicionales -de venta en la cooperativa local- hablan quechua y mantienen una gran lealtad de grupo. Las terrazas incas y las ruinas salpican el paisaje. La isla está desprovista de establecimientos hoteleros, electricidad, carreteras, vehículos y perros. Los lugareños proporcionan alojamiento y los modestos restaurantes sirven lo que tienen: trucha fresca y papas hervidas. Los barcos zarpan a diario del muelle de Puno y tardan unas cuatro horas en alcanzar la isla.

La región es admirada por poseer viejas razas indígenas con costumbres ancestrales, monumentos prehispánicos y coloniales.